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Diseñadores que son mejores estilistas que diseñadores.

Por: Rodrigo De Noriega Colmenero

Decía un profesor que la moda muchas veces sucede sin que te des cuenta. Puede ser que decidas comprar el traje que parece más básico que el de –cualquier marca de moda rápida- pero su forro, la manera en que se abotona, el bies que trae en cada costura o la manera que está terminado el puño, te haya convencido.

ser que nadie más se vaya a dar cuenta del detalle que te convenció pero esa prenda ya tiene un valor para ti -por la experiencia y el vínculo que tú estableciste con ella. Los buenos diseñadores –aunque no se limita solo a ellos- son expertos en generar esta clase de diálogo íntimo. Estamos acostumbradísimos a ver imágenes de pasarelas todo el día y a opinar sin entender por qué un diseñador tiene un séquito tan grande de admiradores. Si bien a veces se debe a que son amigos de las Kardashian o a que hacen colaboraciones para cadenas internacionales, a veces se debe a que proponen una manera diferente de vivir el cuerpo dentro de la prenda.

Grace Jones y Tina Turner opinaban en una entrevista que las prendas de Azzedine Alaïa eran especiales. A pesar de siempre estar ceñidas al cuerpo parecían estar diseñadas desde todos los ángulos y eran siempre cómodas. Stephanie Seymour también platicaba que parece que diseña para cuerpos perfectos, pero de hecho hacen sentir bien a cualquier mujer, independientemente del físico.

Linda Fargo, Directora de Moda de Bergdorf Goodman, decía algo parecido sobre el trabajo de Alber Elbaz en Lanvin cuando lo entrevistó después de la presentación de su colección de otoño en 2011. Según Linda, el éxito de la casa francesa bajo la dirección de Elbaz venía de la manera en que él diseñaba las prendas para que quienes las usaban formaran parte de un código secreto. “No se quedan en una idea abstracta, están hechas para que la gente viva en ellas”. Los vestidos de noche de Elbaz eran ideales para que las mujeres salieran perfectas en las fotografías de la alfombra roja pero al mismo tiempo poder sentarte a cenar sin culpas.

Me gusta comparar la moda con la arquitectura porque ambas son estructuras habitables, espacios que el cuerpo descubre y hace propios. Cada rincón de una prenda genera un efecto en la persona que la usa aunque no lo notemos y dotamos al cuerpo de una carga simbólica que la demás gente interpreta –queramos o no. Sin afán de dividir a la moda en dos, creo que hay autores que con este concepto en mente diseñan y otros que son mejores en pensar cómo se verá el conjunto completo. Hay diseñadores que son mejores estilistas que diseñadores. Y esto no les resta mérito, simplemente creo que vale la pena conocer la diferencia y poder entender que quizás lo que te gusta de la imagen que observas en tu tablet es cómo el diseñador combina una chamarra de mezclilla desgastada, con una camiseta blanca rota y un short de piel con botas de charol a la rodilla y porque a lo mejor una falda amplia tableada, no te resulte atractiva –antes de siquiera habértela puesto.

El trabajo de Marc Jacobs creo que ha sido una ardua labor de interpretación y reconfiguración de la moda contemporánea. Antes bromeaba con mis amigos imaginando que él investigaba el feeling dominante de la temporada y lo interpretaba a su manera muy ready to wear americana. En su documental Marc Jacobs X Louis Vuitton podemos ver cómo hasta de alteraciones a prendas básicas que se encuentra en tiendas de segunda arma los looks de su colección. Eso es lo que lo hace una figura tan importante, desde su corta estancia en Perry Ellis supo interpretar lo que la gente vestía en la calle y llevarlo a la pasarela. Ahora probablemente se inspira un poco más de lo debido en Miuccia y en Miu Miu.

Lo mismo pasa con Karl Lagerfeld en Chanel. Más allá de la labor de conservación de las técnicas francesas de costura igual mezcla la camiseta estampada de Coco en Cuba, que la la falda de tweed que hizo la artesana con artritis, que el sombrero de paja que le maquilan en algún taller. Su trabajo no descansa en la experimentación de las siluetas y la prenda en sí, sino en la posibilidad de armar un total look que se vea deseable ahorita.

Sarah Mower, una de mis periodistas de moda favoritas, fue la primera en decir cuando Martin Margiela confirmó su partida como Director Creativo de la marca que fundó, que se había ido a quién compraba las prendas que se habían vuelto su uniforme. Ahora Cathy Horyn crítica de The Cut, hace un análisis muy interesante sobre la nueva colección de Demna Gvasalia en Vetements. Todas las prendas que se presentan en la colección de moda masculina de otoño se desarrollan afuera del taller de la firma, es una colaboración simultánea con 18 marcas entre lujo (Comme Des Garcons, Brioni, Manolo Blahnik, etc.) y masivas (Levi’s, Hanes, Reebook, Dr Martens, Canada Goose, Eastpack, Juicy Couture). Gvasalia le decía a Horyn que estas colaboraciones nacen de la necesidad de que sus prendas se sientan “auténticas”, algo que no creía que ocurría con los jeans que Vetements firmaba.

Esta idea colaborativa abre un nuevo panorama en la moda. ¿Qué más testimonio de un diseñador pensando en el conjunto de un atuendo que Gvasalia haciendo outsorcing y firmando como propia una sudadera que hace Hanes que también comercializa sus prendas en cualquier Wal Mart? Ahora más que nunca es la propuesta de diseño que acompaña la colaboración lo que se valora. Ya sabemos que Levi’s hace LOS jeans así que quitamos la calidad del autor de la ecuación. Todo se reduce a si comulgas con lo que el diseñador dice y a lo que te hace sentir cuando te lo pones.