voices

In Memoriam Franca

Texto: Rodrigo de Noriega

Ilustración :  Alvarav

Hace casi diez años, en el 2008, estaba viviendo en Cuernavaca con mi familia y siendo un nini de tiempo completo esperando entrar a la universidad. Saliendo de la prepa me fui de viaje a Europa con uno de mis mejores amigos y cómo la gente que me conoce sabe, así empezó una intensa relación con la moda y las revistas.  Si bien ya me interesaba y ya había decidido estudiar diseño en Centro, algo que no pude hacer hasta 3 años después, la temporada otoño-invierno 2008 es uno de esos sucesos que han cambiado mi vida. A través de mi viaje fui comprando revistas que luego tuve que cargar en trenes y aviones en bolsas de plástico porque eran tan pesadas que eran imposibles de documentar.

Modestia aparte, me aprendí todos los fotógrafos de las campañas, todos los editores, todos los modelos, cada look de encaje baby blue, negro y naranja de Prada, los sacos deformes sobre fajillas de vinil de Ghesquiére en Balenciaga y las peluquitas bobs negras con lentes alargados en la segunda mejor colección de Pilatti en YSL. En mi opinión, era una época de personalidades fuertes y marcadas, con colecciones que no se parecían entre ellas. Además era el principio de los bloggers, mi amigo y yo nos fuimos a parar afuera de Missoni en Tuilleries y además de hordas de turistas asiáticos que atacaban a cualquier celebridad o editora que se apresuraba a entrar a la carpa, tuvimos la fortuna de ver –de lejitos- a Carine, Grace y a Franca.

De vuelta en México me volví ávido consumidor de Vogue París -que sólo llegaba a Samborns- y cada septiembre y marzo, de Vogue Italia. Quién las compraba en esas épocas recordará que la París costaba $128.00 pesos y la Italia como $360.00 era un gusto que un chavo de 19 años no podía darse cada mes. La revista al mando de Franca era el reflejo más claro de nuestros tiempos a través de la representación y la puesta en escena que la moda permite. Anna en Vogue US ha dicho que su versión gabacha es como una mejor amiga glamorosa, pero si hubiera que describir la italiana, es tu amiga de buena familia que por rebelarse estudió Ciencias Políticas y luego busca la manera de hacer de lo frívolo una imagen poderosa y trascendente.

El derrame de petróleo en el Golfo de México fue referencia para la editorial con Kristen McMenamy batida de aceite en el número de agosto del 2010, la popularización de las redes sociales y Twitter aparecieron en “MeiselPIC”, los problemas de diversidad en la moda fueron retratados en el Black Issue del 2008, las cirugías plásticas con Linda Evangelista en el 2005, los problemas de la seguridad nacional de los países en el 2006 con “State of Emergency”. En fin, más allá de los argumentos que cuestionan si este tipo de imágenes glamorizaban o no los problemas del mundo real, su habilidad para traducirlos al lenguaje de la moda y para hacer una mordaz sátira del mundo en el que vivimos, junto a Meisel, fue incomparable.

Al menos puedo decir que para un grupo de chavos que crecimos juntos, de los que Dano  Santana y yo formamos parte, el imaginario que despertó en nosotros, las ideas de vestuario para salir de antro cómo en “All Tomorrow’s Parties”, los cafés que compartimos platicando y compartiendo imágenes y hallazgos dentro de las páginas de Vogue Italia, ha creado un vínculo que solo nosotros entendemos y nos ha marcado profundamente.